Una empresa puede realizar al mismo tiempo operaciones que permiten deducir el IVA soportado y otras que no generan ese derecho. Cuando los mismos bienes o servicios se utilizan en ambas clases de operaciones, entra en juego la regla de prorrata.
La Agencia Tributaria explica cómo calcular el IVA deducible cuando existen operaciones con y sin derecho a deducción.
Cómo funciona la prorrata general
Se calcula un porcentaje a partir de las operaciones que generan derecho a deducción respecto del total de operaciones computables. Ese porcentaje se aplica a las cuotas soportadas afectadas a la actividad en los términos previstos.
Ejemplo sencillo
Si una empresa realiza actividad gravada y actividad exenta, una parte de sus gastos generales —software, asesoría, alquiler o suministros— puede servir a ambas. La prorrata determina qué proporción del IVA común resulta deducible.
Qué cambia con la prorrata especial
La especial separa el IVA según el destino del gasto: se deduce íntegramente el vinculado solo a operaciones con derecho, no se deduce el vinculado solo a operaciones sin derecho y se aplica porcentaje a los gastos comunes.
Por qué hay que identificar bien cada gasto
Si toda la contabilidad se agrupa sin distinguir el destino, será más difícil aplicar correctamente la prorrata y justificar el cálculo. Crear centros de coste o etiquetas contables puede simplificar el cierre.
Regularización anual
Durante el año puede utilizarse un porcentaje provisional y posteriormente ajustar con el definitivo. Por eso el cierre de IVA debe revisar la composición anual de operaciones y no limitarse a sumar los trimestres.
Bienes de inversión
Los bienes de inversión pueden tener reglas de regularización adicionales durante varios años. Cuando su uso cambia entre actividades con distinto derecho a deducción, el impacto puede extenderse más allá del ejercicio de compra.
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Fotografía: Mikhail Nilov / Pexels.